Aceptar la lucha
16 de octubre de 2026 · Gabriel
Nadie te prepara para el momento en que un médico pronuncia las palabras enfermedad de Parkinson. Yo no estaba listo, y me llevó mucho tiempo llegar a donde estoy ahora.
Luego, como si eso no fuera suficiente, el mundo cambió. Llegó el COVID, todos estaban aislados y con miedo, y en esos mismos años perdí a mi papá. No fue por el virus, pero la pérdida pesó igual. Estaba enfrentando mi propia enfermedad y mi propio duelo en un momento en que no podía apoyarme en la gente como lo necesitaba.
Primero vino la negación. Quizá las pruebas estaban mal. Quizá el temblor, la rigidez, la lentitud eran solo estrés o cansancio. Me dije que pasaría. No pasó.
Después vino la rabia. ¿Por qué yo? ¿Por qué ahora? Había pasado años siendo el fuerte, alguien capaz de seguir adelante cuando las cosas se ponían difíciles. Sentir que mi propio cuerpo dejaba de obedecerme fue como una traición. La pandemia y la pérdida de mi papá solo hicieron más profunda esa rabia.
Luego vinieron la negociación y la tristeza. Busqué atajos, un milagro, una forma de que todo desapareciera. Cuando me di cuenta de que no la había, llegó el duelo, y fue un duelo doble. Lloré a mi padre, y lloré a la persona que yo era y al futuro que había imaginado.
Y entonces, poco a poco, llegó la aceptación. No una rendición, sino una decisión tranquila: esta es mi realidad, así que ¿qué puedo hacer al respecto?
Esa pregunta lo cambió todo.
Aprendí que la estimulación cerebral profunda (ECP, o DBS por sus siglas en inglés) es una herramienta poderosa, pero no es la solución definitiva. Puede aliviar muchos de los síntomas, pero no cura la enfermedad. El Parkinson se quedará conmigo. Lo que sí puedo hacer es ponerle más difícil avanzar.
Para mí, la respuesta es el movimiento. El ejercicio es una de las pocas cosas que de verdad están en mis manos. Cada entrenamiento, cada caminata, cada sesión de estiramientos o de boxeo es una forma de decirle a la enfermedad: tú no decides a qué velocidad va esto. Las investigaciones son alentadoras: el ejercicio regular mejora el equilibrio, la fuerza, la movilidad y el estado de ánimo, y muchos especialistas creen que puede ayudar a frenar el impacto de la enfermedad con el tiempo.
Algunos días son más difíciles que otros. Algunas mañanas mi cuerpo dice que no, y lo hago de todos modos, aunque sea solo un poco. Estar ahí importa más que ser perfecto.
Si estás al comienzo de este camino, no te voy a decir que es fácil. Date tiempo para hacer el duelo. Todas esas etapas son reales, y tienes derecho a sentir cada una de ellas. Pero cuando estés listo, da ese primer paso. Acéptalo, y luego empieza a hacer algo.
Porque la aceptación no es el final de la lucha. Es donde la lucha comienza.
Gabriel
P. Gabriel's Journey
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